hola que tal?

blog del perilla

1.9.06

Barbi superstar

Nota: Lo que aquí se cuenta es un suceso ficticio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Nota 2: Nótese que lo dicho en la anterior Nota introduce una coña como un camión.

Sucedió una noche de viernes de calor y alcohol...
Era una discoteca subterránea donde la música hacía temblar las paredes del local y de nuestro pecho. Nos encontrábamos danzando animadamente al son de la frenética música, rodeados de bellas mujeres y hombres aprovechados que las pretendían. Obviamente, yo era el centro de todas ellas, que ansiaban pasar tan solo un segundo pegadas a mi. Aunque claro, mi perfección física no debía ser toqueteada por tantas manos, por lo que todas las mujeres de aquella discoteca preferían no acercarse a mi, ni tan siquiera mirarme, por miedo a gastar mi piel con sus ojos. Bueno, al menos eso es lo que deduje de aquella situación, deducción que me ha llevado a tomar en mejor estima al sexo femenino.
De repente, la vi... Era rubia de bote, con mechas negras también de bote. Tenía un piercing en alguna parte de su cara que no recuerdo, pero sé que me dió mucho morbo. Alrededor de sus caderas había un pantalón corto de esos que hace dos años las chicas sólo se ponían para ir a la playa (para cuándo la moda de ir en bikini a las discotecas), y tapando parcialmente su tórax había un top que debió habérsele roto, pues mostraba más de lo que yo pensaba legal para salir a la calle. Tenía un atrevido lunar en su teta derecha (quién fuera hiperpigmentación cutánea) y unos labios tan gruesos que yo pensé que para pintárselos tuvo que contratar a una cuadrilla de profesionales.
Tan divina fémina era tan inteligente y bondadosa como las demás mujeres del local, y no se atrevió a acercarse a estropear mi inmaculada y perfecta figura. Sin embargo, yo ya sabía que aquella mujer se había enamorado de mi profundamente, incluso más que las otras. No es que yo sea muy observador... es una deducción lógica.
Aquella mujer bailó sobre los altavoces de la discoteca aquella noche para mí. Un pobre diablo se subió con ella e hizo un torpe intento de acompañarla en sus sensuales y excitantes movimientos. A buen seguro aquel tipo estaría borracho.
La noche llegó a su fin... ella se despidió de mi con una mirada sumamente discreta. Casi pasa por al lado mía según se iba, mientras yo me acercaba a la barra dando un rodeo para que ella me viera desde más cerca antes de irse.
Aquella diosa sexual se marchó, y yo lamenté ser tan perfecto, como cada viernes...
Ciertamente, yo no creo en el destino ni en esas absurdas casualidades, así que cuando la vi el viernes pasado en otra discoteca casi tal como la viera hace unos meses supe desde el primer instante que aquella mujer había estado indagando y pateándose discoteca tras discoteca buscándome.
El tiempo no ha hecho mella en mi, y el viernes pasado yo exhibía un porte aún más bello que la última vez, pues el sol del verano filtrado por la ventana de mi habitación ha bronceado mi piel, dándole una coloración sublime.
Ella lo notó al instante, pues nada más llegar dejó de mirarme. Es normal que ni siquiera quisiera pensar en mi. Durante todo este tiempo ha debido llorar cada noche por no poder tenerme a su lado.
No sé en qué momento de la noche se acercó a mi. Claramente no podía aguantar más. Se puso a bailar cerca de mi, haciendo como la que no me veía. Por supuesto, mi mirada estaba clavada en su cuerpo, viajando de sus nalgas a sus pechos y viceversa. Estoy seguro de que ella jamás habrá sentido tanto placer al ser mirada por un hombre. Estaba siendo una buena chica, pues el placer era recíproco.
Finalmente, se ve que no podía aguantar más. Yo estaba en ese momento de espaldas a ella, pues un colega me había robado la atención, cuando pasó por al lado mía y esperó a que me girara. Calculó perfectamente la trayectoria: hizo que mi mano rozara su culo y que pareciera un accidente. Estoy seguro de que los dos llegamos a la vez al orgasmo: ella me miró con desdén. Claro símbolo de que había quedado satisfecha, si mis conocimientos sobre mujeres son correctos.
Bien. Ahí terminó nuestra historia de amor. Y, es que, como decía Neo, todo lo que tiene un principio, tiene un final. Nuestra historia terminó ahí. Algún hombre más mundano que yo la espera borracho y ataviado con los atuendos arquetípicos de esa raza llamada "chulo de discoteca" en alguna pista de baile. Le deseo la mejor de las suertes, ya que debió sufrir mucho en esta complicada relación en la que sólo hubo sexo al final...

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